dimarts, 15 de juliol de 2008

Javier Otxoa altre cop a l'Hautacam

Son las 10 de la mañana. Poco antes de llegar a la localidad de Arbouix se detiene un coche. Bajo un cielo encapotado sus ocupantes ponen a punto una bicicleta. Se hace mirar. Es de las caras. Con pasos inseguros monta sobre ella un discreto cicloturista. Lleva el maillot de Saunier Duval. No sin esfuerzo comienza a escalar los 15 km de un puerto mítico: Hautacam. En la ruta del Tour, como tantos otros, recibe los aplausos de los aficionados que, apostados en la carretera, animan a todos los que se atreven a enfrentarse con una de las cuestas más difíciles de los Pirineos. Es uno más entre cientos. Alguien le reconoce y le grita por su nombre: “¡Javier, venga, campeón!”. Las imágenes ponen la piel de gallina. Lentamente va dejando atrás a otros valientes. A 2 km de meta, las vallas cierran el paso de los cicloturistas que insisten en cruzar la línea de llegada. Un miembro de la organización les obliga a dar media vuelta. Aparece Javier. Se identifica. Hay un gesto de sorpresa y admiración en el responsable de seguridad. Abre las vallas. Le deja pasar. El, sí. El, puede. Cruza la meta. No hay nadie para recibirle. Ni megafonía, ni podio, ni azafatas. Nadie. Esta vez no se besa las manos, ni lleva una pulsera tibetana. No le persigue el voraz Lance Amstrong. Se da media vuelta y desaparece hacia el punto de partida. Ayer, ocho años después de conseguir una victoria histórica, Javier Otxoa regresó a la ruta del Tour. Esta vez subió las cuestas con desniveles de hasta un diez por ciento utilizando un 39x23: “Iba a mi ritmo y pasaba a la gente. La experiencia ha sido dura porque Hautacam no tiene ningún ‘descansillo’, pero ha valido la pena”, contaba Javier a este periódico. Reconocía que “lo más bonito ha sido que la gente se siga acordando de mí. Me reconocían y me iban diciendo cosas”. Le gustaría poder recordar aquel 10 de julio del 2000, cuando bajo una pertinaz lluvia que fue diluyendo los colores de Kelme se escapó del pelotón. Era su primer Tour y la primera etapa de alta montaña. Le hubiera gustado acordarse del temible recorrido que superó gracias a su pundonor e ilusión. Tenía 25 años. Coronó el Marie Blanque con 14’20 de ventaja y el Aubisque, con 11’35. Le hubiera gustado sentir la emoción de un Armstrong furioso, en busca del maillot amarillo, destrozando a sus rivales y recortando segundos y minutos mientras cientos de aficionados se volcaban con el ciclista de Berango que intentaba culminar una gesta prácticamente imposible. Cuando llegó a la cima no tenía fuerzas. Estaba machacado por el frío, la lluvia y la distancia. Por cada pedalada suya, Armstrong daba tres. Y aún así, ganó por 42”. Entró en la leyenda pero “no me acuerdo de nada”, reconocía. “¿Tú estabas allí?”, pregunta. “Si, Javier, allí estaba”.“Bueno, parece que fue un día muy emocionante”, dice. María, su madre, que le acompaña en su regreso al Tour, le grabó en vídeo aquella etapa para que siempre la tenga presente. Aquellos momentos de gloria se los arrebataron el 15 de febrero del año siguiente, cuando entrenaba en una carretera de Málaga.

Sport 14-7-08

diumenge, 6 de juliol de 2008

Missatge del científic als esportistes durant la inauguració dels Jocs Olímpics de Barcelona '92

"Tots som diferents.
Tots som especials a la nostra manera.
Cadascú de nosaltres té una espurna de foc dins seu, una espurna creativa."
Stephen Hawking (científic britànic 1942-...)

dimarts, 1 de juliol de 2008

Les dues cares de la mateixa moneda

Un chiste recorre las comunidades del Camino. Argüello está en el lecho de muerte y un grupo de sus seguidores le visita para informarle de que están construyendo un panteón en Galilea para enterrarle como un patriarca. Kiko se incorpora, sonríe con sorna y les contesta: "No os compliquéis la vida, hermanos: para tres días que voy a estar muerto...".